Argentina se despide de Messi en su último partido con la selección, fin de una era

Publicado: 6 oct 2026, 15:27 GMT-5|Actualizado: hace 1 hora

BUENOS AIRES (AP) — Argentina afronta una realidad que antes era inimaginable: su selección nacional sin Lionel Messi.

A sus 39 años, el astro se dispone a despedirse del fútbol internacional el martes por la noche tras 21 años de carrera, 125 goles, un campeonato del mundo y dos títulos de la Copa América. Lo que de otro modo sería un desabrido amistoso contra Benín, una nación del África occidental, se ha convertido en el momento que este país enloquecido por el fútbol ha temido durante mucho tiempo.

“Se siente como si una era estuviera terminando, sabiendo que ya no jugará para la selección”, comentó Valentino Ruso, de 17 años, mientras pasaba el rato con amigos en un parque de Buenos Aires el martes. “Estoy triste. Creo que hoy todo el mundo está afectado. Se le echará de menos”.

Los argentinos han tenido una relación intensa, a menudo implacable, con el chico tímido que dejó su ciudad natal de Rosario a los 13 años para incorporarse a la academia del Barcelona de España. A medida que se convirtió en un ícono global, sus compatriotas lo adoraron y lo maltrataron, dudaron de su compromiso y lo acusaron de indiferencia hacia su propio país.

Pero mientras se prepara para decir adiós a la selección, su devoción por Argentina ya no está en duda. Tampoco lo está la devoción de Argentina por su exportación más famosa, cuyos triunfos han servido como recordatorios de grandeza nacional a lo largo de años de inestabilidad política y económica.

“Los argentinos suelen decir: ‘Gracias a Dios nací en una época en la que pude vivir el milagro de ver jugar a Messi’”, señaló Andrés Rabinovich, investigador de la Universidad de Chicago que ha estudiado el papel del fútbol en la cultura argentina. “Es difícil vivir en Argentina. El fútbol suele ser una de las pocas cosas que te ofrecen un respiro, una alegría”.

Durante años, los argentinos debatieron cuándo y cómo Messi debía dejar el escenario internacional, aunque seguirá jugando para el Inter Miam de la MLS. Su anuncio del 31 de agosto de que se retiraría de la selección, semanas después de la derrota de Argentina ante España en la final del Mundial, provocó una oleada de gratitud y duelo.

“No sé si existe una historia de amor tan grande entre un jugador y un país como la que vos construiste”, escribió Rodrigo De Paul, su compañero de club y selección, en Instagram.

La Asociación del Fútbol Argentino ha convertido el partido del martes —el 208 de Messi— en un homenaje nacional bautizado como “El Último tango”. Unos 85,000 boletos para el estadio más grande de Buenos Aires se agotaron en 90 minutos, y los integrantes del plantel campeón del Mundial 2022 de Argentina y sus familias fueron invitados a regresar para sumarse al tributo.

Ganar el cariño de los suyos

Durante los años 2000 y 2010, Messi acumuló trofeos con su club y conquistó fanáticos incondicionales desde Barcelona hasta Bangladesh. Sin embargo, un gran campeonato con su propio país se le escapaba.

Donde el mundo veía un talento sobrenatural, algunos en casa veían a un forastero que nunca había jugado profesionalmente en Argentina y que no podía rendir cuando más importaba para la nación. Las tribunas argentinas coreaban “Diego, Diego”, invocando a Diego Maradona, el mito que fue artífice de la consagración argentina en el Mundial de 1986, y recordándole a Messi el estándar que aún no había alcanzado. La reserva silenciosa de Messi, tan en contraste con la arrogancia desafiante de Maradona, alimentó las dudas sobre su patriotismo.

Después de que Argentina perdió una tercera final consecutiva en 2016, Messi dejó brevemente la selección.

“Hay cierto resentimiento de la gente que se queda en Argentina hacia quienes se van, esa sensación de: ‘Se creen mejores que nosotros’”, comentó Rabinovich.

Añadió que se identifica con Messi como otro migrante adolescente, ya que se mudó a Canadá durante la crisis económica argentina de 2001, aproximadamente cuando Messi se fue a Europa. “Los argentinos de la vieja escuela dirían: ‘Diego es el argentino. Messi es blando, un chico españolito’”.

El punto de inflexión llegó en 2021, cuando Argentina venció a Brasil para ganar la Copa América por primera vez en 28 años. Messi se desplomó sobre el césped del Estadio Maracaná de Río de Janeiro mientras sus compañeros, delirantes, corrían a abrazarlo. El jugador al que durante tanto tiempo acusaron de sentir demasiado poco no podía dejar de sollozar.

“Ganar claramente desarmó a sus críticos. Así funciona el fútbol en Argentina”, reflexionó Diego Murzi, sociólogo del deporte en el Conicet, el consejo nacional de investigaciones científicas de Argentina. “La crítica a las cosas fuera de la cancha va de la mano con las derrotas dentro de ella”,

La victoria en el Mundial al año siguiente en Qatar selló su lugar como héroe nacional. Messi había conseguido el único laurel que se le resistía, y millones de argentinos salieron a las calles en un éxtasis colectivo, con su nombre en los cánticos y su número 10 a la espalda.

Antonia Correa, de 70 años, dueña de un kiosco, recordó el martes ese día mientras esperaba un autobús: “Nunca lo voy a olvidar. Nunca había vivido algo así, estar ahí con todos, celebrando juntos”. “Vimos que no era solo un jugador extraordinario, sino un excelente ser humano”.

En las últimas semanas, los diarios han zumbado con homenajes nostálgicos y han aparecido murales que celebran a Messi por todo el país.

La Nación, un importante diario argentino, lanzó “Inmortal”, un documental que narra su última campaña mundialista, y publicó una edición especial de 196 páginas dedicada a su carrera. Una réplica gigante de su camiseta número 10 de Argentina, con la palabra “Gracias”, fue desplegada el lunes en una plaza principal de su ciudad natal, Rosario.

Y en la Patagonia, una estatua de Messi de 26 metros (85 pies) y 70 toneladas, arrodillado con el trofeo de la Copa del Mundo, se ha alzado sobre los automovilistas que pasan desde junio.

Una camiseta sin heredero

En toda Argentina, los hinchas que crecieron viendo a Messi como sus padres vieron a Maradona ahora lo llevan en la piel, en tatuajes de él besando el trofeo del Mundial. Era fácil creer que el mejor jugador del mundo siempre sería uno de los suyos. Ahora, incluso la camiseta número 10 de Messi no tiene un heredero designado, y el entrenador Lionel Scaloni dijo que la decisión se tomaría después de su último partido.

“No creo que volvamos a tener a alguien como él, alguien con ese tipo de poder perdurable”, expresó Pablo Brescia, profesor de la Universidad del Sur de Florida que escribe sobre cultura argentina y fútbol. “Como Maradona, será único: una figura que no se puede repetir”.

Messi seguirá jugando con el Inter Miami, donde su contrato se extiende hasta la temporada 2028. Pero el ritual cargado de emoción de verlo llevar las esperanzas y ansiedades de Argentina a cada partido está llegando a su fin.

“Al ver jugar a Messi, sentías que podía pasar cualquier cosa”, sostuvo Murzi. “Lo he visto hacer cosas que no creo que vuelva a ver hacer a otro jugador”.